23
May
2014
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“Insomnio”

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Cuando no se duerme todo parece una copia, de una copia, de una copia. Nunca se tiene la oportunidad de experimentar el despertar, el alivio que se levanta con el bostezo. La única traición es la de una cabezada segundos después del alba. Atrás quedan ocho horas, cada una con sus sesenta minutos, cada minuto con sus sesenta segundos que pertenecen al lapso de la noche. El tic tac del reloj que flota en el aire es capaz de erizar el cabello. La vista se cansa y desenfoca, un murmullo se vuelve agudo y punzante en el oído y la espalda se tensa atizando el aire con un latigazo, sosteniendo una cabeza que vacila.

Pero ahí está uno, tragándose la teletienda con sus cachivaches inútiles, reposiciones de series de los noventa, documentales sobre la cópula del elefante y del mono. Cansinos grupos de música rellenan la parrilla televisiva antes del primer noticiero y finalmente se absorbe por los ojos una sobredosis de rayos catódicos. Mañana probablemente el médico prescribirá un colirio. Único diagnóstico: el síndrome de un ojo seco que se enerva y enraiza en una picor roja y macilenta.

Y los remordimientos que implacables invaden al insomne, al vigilante nocturno que atestigua un techo blanco e infinito, con sus párpados que ni obedecen ni claudican, se abren en amplitud hacia el mando a distancia. Una compulsión le obliga a seguir cambiando de canal. No hay ningún botón que te permita regresar en el tiempo, volver atrás para maldecir el momento en que encendiste el televisor.

 

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