Ocurre que yo pertenezco a esa clase de autores que al empezar a escribir un libro no tiene otro propósito que librarse de él.”

VLADIMIR NABOKOV

24
Abr
2015
1

Odio asfalto

Odio el polvo aparcado sobre los coches transeúntes.

Odio las colillas rotas y amarillas, y el sebo vomitado por los palomos manirrotos; me dan asco verlos tragar las migas desechadas del mesero.

Odio mi ciudad una tarde y la siguiente. Odio mi ciudad por las mañanas, cuando los lanceros pinchan el césped y flota la última mariposa muerta sobre el estanque. En la plaza, se acumulan los guiñapos de nitrato sobre el mármol, manchan las estatuas de algún muerto, y los mausoleos se echan a perder, dicen; los retretes de los bares, a punto de cerrar, desagüan los pozales en los sumideros embozados: todo pubis moreno y piel descamada.…

24
Abr
2015
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Por la veintena de Abril

No está bien. Él me dice que sí, que le deje en paz, pero yo sé que no está bien. Lo sé porque hoy ha vuelto con los pulgares escondidos bajo las mangas. Al peinarle el pelo revuelto bajo el cuello ha descargado un brusco espasmo contra mi mano. No me sonrió. Se ha ido sin cenar a la cama. Al rato, he escuchado un temblor que venía de arriba. La hueca respuesta de mi marido echado sobre el sofá, los gritos breves, me dirigieron al trozo de techo bajo su cuarto.…

20
Abr
2015
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El lunes negro de Gastón Gaudio

Pase lo que pase, no toquen a mi niña. Poco me importa su madre, a ella manténganla al margen. Que si cuidan de mi pequeña, si preservan su inocencia, aseguro que mi colaboración será infinita y prometo un juicio fácil. No se separa de su cerdita de peluche. Está en un pequeño baúl de mimbre, con el cuello a punto de partirse y un solo ojo, bajo una manta rosa. ¡Cuiden a mi pequeña Mina! Cójanla en brazos, por favor, es una llorona que no aguanta mucho de pie.…

Quiero escribir libros y que en el lomo lleven el código de clásicos no muertos, de no venta en las tiendas, que vivan de la estrechez en la biblioteca, de la caridad del librero. Sólo quizá una torva de agua arrecie contra los altos muros, la humedad pique las cubiertas y por unas páginas secas, una niña secretamente bajo el pupitre, moje sus muslos en mi primera lectura.

Como ustedes habrán tenido ya ocasión de observar anteriormente, la forma más cómoda de considerar las cosas, o sea mi ángulo de comparación, hallábalo yo desde debajo de la mesa.”

GÜNTER GRASS (1927-2015)

13
Abr
2015
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Stepha, o Phanie, o lo que sea

Pasó un cuarto de hora antes de que ninguno de ellos hablase.

Ve tú primero dijo el mayor.

Nikola se detuvo después de un paso vacilante, encajó con su pícaro partenaire las manos fervorosas, entregadas en un sudor frío. Su sonrisa temblona nacida del vientre de unas comisuras inquietas—, no se correspondía con la serenidad refleja en el rostro de Antoine. Él era su hermano de fatigas, capacitado e infalible en los ritos iniciáticos de la edad adulta: llamaba los «dulces dieciséis» —en su boca sonaba un gangoso acento francés—, al primer gran acontecimiento que culminaría en un sentido apadrinamiento. Como si le entregara las llaves de una ciudad opaca, febril por dentro en la 41 del East Village, le metió a Niko varios billetes de diez en el bolsillo. Con un empujón final, comendó a su pupilo la poderosa empresa de perder la virginidad.…

Bajo su barba picuda las escamas plateadas silbaban al son de cada ronquido. El lagarto reposaba con la panza ladeada, coronado el vientre por un ombligo paciente como una diana. Su cuerpo firme se comprimía entre cuerdas y algunas ataduras se vencían a ambos lados del monstruo. Pilú despertó dentro de la boca del dragón, y en la negra encía de cien colmillos, la forma de su cabecita calabaza formaba una dulce cuna. Toc-toc, Pilú acarició el paladar y las fauces dieron paso a un día luminoso. Sus rizos mutaron el matiz inocente en una fronda roja: su carita lenguaraz enmarcada, sus ojos miel dorados. En su cara se confundían las salpicaduras de sangre de la bestia, sus cinco pecas naturales y desordenadas, transformadas en estrellas perdidas apodando un universo de canela virgen, hallaban el negro inhóspito de la entraña fresca, provisto del fragor de las estocadas más sangrantes. Puso pie sobre la primera de las traviesas, que se difuminaban hacia un valle cerrado. Pilú volvió a la boca del dragón y tocó la mellada empuñadura de su espada. Al fin, colocó la nuca en el mismo sitio y, sobre los brazos de su padre, volvió a soñar.

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo-li-ta.”

VLADIMIR NABOKOV

30
Mar
2015
1

Cullot Bleu Promesse (Bragas Azul Promesa)

En la avenida Le Kremlinaire, a dos palmos en el mapa del torreón Eiffel, un mozo de peto azul y camisa blanca desmangada esperaba la orden junto a unas cajas vacías. Se apoyaba contra un lucido muro de granito entre dos ventanales, repletos de maniquíes desnudos sin cabeza. La furgoneta se reflejaba sin la interrupción de una calle vacía de paseantes, y el escaparate hacía rebotar los primeros brillos de un sol ya roto en el primer asomo matinal. Lánguida, la luz avivaba la sombra de los pájaros a orillas de las migajas sobre la calzada y, alrededor de los troncos, las malas hierbas parecían ser las únicas muestras de vida auténtica.

Dentro Lola iba a lo suyo, desdoblaba cullots y braguitas ribeteadas con ese pespunte afrancesado que complicaba tanto el equilibrio de una pila de lencería a veinte francos la pieza. Aquella torre de delicados paños con lacito era la primera ropa presentable de la boutique, al evitar el cartel gigantesco de la entrada que apremiaban las rebajas de enero.

—Bienvenidos y bienvenidas, monsieurs et madames. Adelante. —Lola sonreía y con la mano parsimoniaba un forzado gesto de invitación.

Nunca más amaría tanto a una persona como para que me hiciera daño perderla.”

No podemos aspirar a comprender lo que en sí es incomprensible.”

Quería tener sitio en mi interior para ambas cosas: la comprensión y la condena. Pero las dos cosas al mismo tiempo no podían ser.”

BERNHARD SCHLINK

23
Mar
2015
1

Marie-Ardent

Aquel verano fui a Malta con una beca de la universidad. Su propósito inicial era que estudiara inglés, la segunda lengua del país, pero las clases de nueve a dos pronto se volvieron irreconciliables con mi actividad nocturna. En las calurosas noches alternaba el bus y el taxi para llegar al lugar recomendado. Era un círculo vicioso de bares y carteles luminosos que parpadeaban frenéticos, con los reflejos del neón sobre el asfalto húmedo de vodka; en la puerta de los locales se ofrecían entradas rebajadas y la bebida se apuraba en vasos de plástico. Entre codazos avanzaba yo hacia el interior y la música techno emergía más nítida a cada paso. La primera noche varios malteses de tez gitana se dejaron ver por el grupo y un puñado de eslavas aparecieron detrás de un autobús. Un operador las dejó para divertirse solo una noche, después de una jornada de turismo cultural. Sin embargo, me pude unir a unos chicos mediterráneos –italianos y andaluces en su mayoría–, que finalmente las convencieron para quedarse. Aquella mezcla tumultuaria de gomina y rubias de falda corta seguiría presente toda mi estancia. El resto de los días mi inglés sonó ebrio y con un burdo acento siciliano.

En cualquier caso, sigue siendo cierto que de lo que se trata en la vida no es de entender bien al prójimo. Vivir consiste en malentenderlo, malentenderlo una vez y otra y muchas más, y entonces, tras una cuidadosa reflexión, malentenderlo de nuevo. Así sabemos que estamos vivos, porque nos equivocamos.”

PHILIP ROTH

17
Mar
2015
0

Manual breve de amor (para hombres)

En primer lugar, deberá tener en cuenta las condiciones ambientales. Se recomienda conseguir una temperatura entre los treinta y seis y los treinta y ocho grados. Disponga con antelación de tantas fuentes de calor como sean necesarias. En cuanto a la lumbre, procúrese con velas hasta no perderse por la habitación y se perfilen las aristas de la ventana con un brillo anaranjado. Airee las sábanas y pliéguelas como un sobre abierto que invite a entrar.

El problema de una mente abierta es que la gente insiste en entrar dentro y poner allí sus cosas.”

TERRY PRATCHETT (1948-2015)

8
Mar
2015
2

Veinte más una

A ambos lados del camino la caliza se descomponía en piedras más pequeñas. Un transporte avanzaba lento por el centro y levantaba polvo amarillo. En la chapa lateral refulgían las letras desgastadas de un coche Ransom. En su interior llevaba veinte mujeres con grilletes en pies y manos, divididas en parejas por un pasillo. Sus frentes brillaban húmedas y las rayadas camisas se adherían al sudor del cuerpo. Las piernas de algunas colgaban hacia el corredor y muchas estaban esposadas a la barra del techo. Contra el asiento delantero, una rea aplastaba su frente y el bordado irregular de su espalda se descubría: CONDADO DE RIKERS. El sol iluminaba enteramente la cabina del conductor al pie de una curva empinada. Una mujer sin esposas mantenía la mirada hacia la rejilla que cubría los cristales. Unos barrotes la confinaban del resto, escoltada por dos guardias armados. El haz penetrante cambiaba su ángulo con la curva y minúsculos rombos de luz se proyectaban sobre su cuerpo. Vestía un traje liso, zapatos rojos y un sombrero tocado con una figura de papel. A sus pies guardaba varias maletas de cuero. Entre las cremalleras asomaban esquinas de tela estampada.

3
Mar
2015
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Antonio Manzotti (1943)

El teniente Manzotti despedía a su hijo. Tan pronto como se hubo formado el tren, la cara del pequeño Tonino se incrustaba entre otras muchas y sus brazos parecían agitarse en extrañas formas no humanas. Cadetes e infantes, la mayoría hijos de oficiales, braceaban por el último litro de aire verdaderamente italiano e intentaban captar el aliento lanzado por aquellos que los despedían. Su hijo asomaba medio cuerpo por un ventanal, a una altura que ahogaba el pecho cuando intentaba estirarse más allá de los hombros. De cada ojo le caían rayas húmedas hacia los labios que una vez secas dejaban sobre su cara un brillante reguero. El vagón empezó a moverse de forma pesada, y apretando el paso que le permitía su muleta el viejo acarició, siquiera de forma ilusoria, las yemas de su joven hijo. Con el antiguo uniforme nacional, el teniente se camuflaba perfectamente con los militares apeados en el andén, y su presencia solo se contrapuntaba con el blanco de pañuelos que decenas de esposas y madres agitaban al ver alejarse sus maridos e hijos. Parapetado con su muleta, vió como el tren se volvía inalcanzable y aguantaba pudoroso una muchedumbre enloquecida, que atropellaba su viejo cuerpo y corría en pos del vagón.

26
Feb
2015
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La elección diaria

La gente hace siempre la misma elección. Lo sé porque al rozarme con alguien en su camino solo noto un frufrú de telas y nada más, solo dos atavíos que se sostienen por algo inerte. Y al pasar ni una mirada, ni un gesto, ni siquiera un servil ademán de que existimos entre iguales. ¿Y toda esa gente que camina a lo suyo, hacia dónde lo hace? ¿Y toda esa gente que espera en el andén y por la boca de la estación se dispersa? ¿Qué historias guarda esa cara que dejo atrás? Una gran suma, mayor que la de sus elementos separados, arroja un único resultado: la vergüenza. Nuestra conciencia plena vive encapsulada en un envoltorio frágil, sobre el que no permitimos que la arruga perenne nos delate. Si por dentro somos imperfectos, con esa vergüenza que condena a ambos lados de una puerta, y nos prohíbe salir y entrar, almenos que ose exhibirse. Ahí esta la paradoja: la vergüenza de sentirse desnudos es la misma que la de ir escondidos bajo una tupida piel. Las artificiales capas de la mal llamada dignidad nos hacen esclavos del maquillaje, de la pose, de la máscara más rancia. Lo otro, aquello que se escapa y ya no nos pertenece, es la verdad de ser uno mismo, pero ese precio es más arriesgado, y solo se reserva a los valientes.

La gente no quiere ver al enfermo, la gente no soporta la mirada del que mendiga sentado, ni del que pidiendo desesperado se le ve por los portales, o en las bajeras de una iglesia. La gente no quiere ver las pústulas, ni las calvas, ni las heridas a medio secar, y huye del que se muestra débil y vulnerable. La gente no quiere ver muerte, ni pobreza, ni miseria, ni hambre. La gente no ve, porque no quiere ver. Porque el que no ve, se tapa con una mano. Porque al que dice ver, se le ve corriendo con la venda caída. El que ve dice ser un rebelado, que ilumina su cara al sol y despojado de sus lentes, prefiere quemar sus ojos antes que entregarlos.…

23
Feb
2015
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Morón 37

La espalda de Jano sudaba contra el asiento.

Una tarjeta rosada se movía nerviosa entre sus manos. La abrió por enésima vez y acarició los surcos de una frase escrita a máquina. Recordó como el funcionario de nuevos ministerios presionaba con dolo cada una de las teclas. Ahora y no antes sentía la letanía pesada y artificial de una Olivetti quebrando el silencio del cuartel. Sus yemas notaban el carrete saltarín, la campanilla al final de cada línea y, al llegar a la última letra, las palabras que se componían: Morón de la Frontera. Ya en el coche, no quiso leer ninguna de las indicaciones que apuntaban a su destino. Señales que se apostaban en la delgada cintura del camino y parecían acechar la marca de las ruedas. Giró la cabeza bruscamente, pero a través de la luna trasera su intento sólo pudo encontrar un sol demasiado bajo.