1
Jun
2015
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Co-ordenadas-des-ordenadas

El metro se adentra en un túnel marcado en el mapa; dentro de tres minutos cruzaré el meridiano de Greenwich y la oscuridad exterior transformará el cristal en un espejo perfecto.

Me considero hijo del Drama: un animal de salvajismo indetectable, agudizado por la falta de sueño. Pululo alrededor de un perímetro pintado con cal aunque vivo entre humedales, donde la hierba crece más alta. Allí, mi disfraz de normalidad pierde consistencia, me debilito, y una atmósfera nociva inunda mi pecho.

Al precipitarme por el asiento formo una cascada, me transfiero de capa a capa: el metal, el granito, las raíces aéreas que crecen bajo los edificios. Descubro vastos paneles de moluscos parasitando las rocas, y éstas me digieren hasta el lecho marino. Abundan los bancos de peces abisales, destacados por su color rojizo entre las últimas masas de coral. La agitada marea me devuelve a la superfície a cortos intervalos, durante un ciclo lunar que se vuelve irresistible.

El oscuro horizonte se abre en dos y la luz se recorta por la silueta de un dálmata. Vuelvo a emerger de nuevo en el tren con una reflexión: «Tomo drogas legales». Cada mañana, la señorita Monroe trae mi medicina puntualmente a las nueve. La transporta sobre una bandeja de plata, parte suavemente en dos la pastilla con los labios y la mete en mi boca. Llego al final del túnel.

En el andén pienso en las prostitutas del cuarto turno. Pienso en cómo arrastran esa estela fragante mientras agitan los tacones, y yo sustituyo sus rostros por cabezas de ganado sin que los contornos pierdan un ápice de belleza. El resto del pasaje parece envejecer bajo la luz de los halógenos, escapando como un puñado de arena entre mis manos.

Mi memoria vibra con el recuerdo de un sabor, la amarga roca de playa, los finos gránulos de arena depositados en mi lengua que brillan como átomos de sal. Al salir de la estación me traigo el destilado olor del mar, aunque su rumor se pierde tras las paredes opacas: «He visto a las mujeres desnudas plantar hermosas algas».

Más allá de las vías del tren existe un inframundo marino, lleno de virtudes.

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