Category

Concursos

Bajo su barba picuda las escamas plateadas silbaban al son de cada ronquido. El lagarto reposaba con la panza ladeada, coronado el vientre por un ombligo paciente como una diana. Su cuerpo firme se comprimía entre cuerdas y algunas ataduras se vencían a ambos lados del monstruo. Pilú despertó dentro de la boca del dragón, y en la negra encía de cien colmillos, la forma de su cabecita calabaza formaba una dulce cuna. Toc-toc, Pilú acarició el paladar y las fauces dieron paso a un día luminoso. Sus rizos mutaron el matiz inocente en una fronda roja: su carita lenguaraz enmarcada, sus ojos miel dorados. En su cara se confundían las salpicaduras de sangre de la bestia, sus cinco pecas naturales y desordenadas, transformadas en estrellas perdidas apodando un universo de canela virgen, hallaban el negro inhóspito de la entraña fresca, provisto del fragor de las estocadas más sangrantes. Puso pie sobre la primera de las traviesas, que se difuminaban hacia un valle cerrado. Pilú volvió a la boca del dragón y tocó la mellada empuñadura de su espada. Al fin, colocó la nuca en el mismo sitio y, sobre los brazos de su padre, volvió a soñar.

12
Jul
2014
0

Dos hermanos

A veces no hace falta buscar, que caiga sobre las manos una remota foto es casualidad suficiente para que el corazón, sin dejar fallar en su latido, se congele y derrita en un instante. Hay órdenes divinas de detener el tiempo, se las puede ver regateando dentro de caóticos cajones, o aplastadas en álbumes de lomos corpulentos, fotos familiares que yacen siempre escondidas al azar, arbitrando siempre una desdicha: son el montaje perfecto de una película vivida, la de aquellos maravillosos años que nunca volveremos a repetir. Retenemos y amamos la plastificación del pasado con la tácita pretensión de cambiar un malogrado presente. El acto de recordar es una dosis leve de opiáceo, una sola cucharadita destruye momentáneamente la melancolía, eleva nuestras pulsaciones como las de un cachorro excitado.

Veo la foto y mi alma ejercita un exabrupto jocoso, no puedo evitar derramar una lágrima viva en mi interior, mezcla de júbilo y tristeza. Se escapa de mi control aquel momento matemáticamente irresoluble. No es posible explicar tanta belleza contenida en un rectángulo, sonrisas como éstas son ecuaciones difíciles de reescribir para cualquier otro momento.

Mis recuerdos se arrastran con envidia, dos rostros infantiles asoman el reflejo de una esperanza e inocencia rezumando una infinita alegría que nunca se marchitará.

Más allá del papel brillo, mi hermano mayor, el moreno y más alto, me sujeta y abraza relajado. Yo sigo descamisado, en el patio soy todo un correcalles, y según mi madre un malejo. El caso es que ambos sabemos jugar a los piratas y somos inseparables. Carlos, es el capitán del barco, yo Jose Luis, el rubio y pequeñajo, soy un polizón descubierto en cubierta, pero mi hermano, como buen capitán, me perdona y me deja hacer de vigía.

Nuestras poses bien podrían valer lo que mil esculturas de museo. ¿O acaso la belleza más valiosa no se encuentra en lo cotidiano?

Daría mil vueltas al mundo en ese barco por ti, Carlos. Siento que la madurez de los años ha creado un pacto de silencio entre los dos, pero el amor que siento por ti es ahora más visceral. El paso de los años necesita una buena digestión, sobre todo para que el alma no muera de empacho o desnutrida. Cada uno ha llevado su ritmo de vida pero a menudo la vida ha sido obligada a diverger nuestros caminos comunes contra la voluntad del vínculo. Es ahí, en la carencia, donde el amor por ti se vuelve violento, amo esa violencia, es una violencia bonita.…