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Cine

20
May
2014
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Lars Von Trier: Melancolía

¿Qué hay detrás del Sol?

Las personas entusiastas no temen a los astros porque los estudian, los escrutan con modernos catalejos, trazan su trayectoria con un compás en un viaje en el que la Tierra siempre queda intacta. Sin embargo, los pesimistas llevan consigo los implacables argumentos de la razón más cruda, pueden ver más allá del júbilo del descubridor y ver cosas que no parecen lo qué son, aunque sea oscuro, deprimente y agorero, contaminando todo su alrededor con tristeza y agónica decrepitud mediante el pregón de la catástrofe. Hay personas que viven siempre pensando en el peor de los casos.

¿Quién puede ver detrás del Sol? ¿Acaso hay algo? Quizás se esconda un gigantesco planeta, de gran belleza azul, cuya órbita caprichosa ha estado esquivando el ojo avizor de los científicos durante años. Una órbita que personifique una danza de la muerte, pues su colisión con la Tierra acabaría absorbiéndola.

Ese planeta se llama Melancolía (2011), una idea original de Lars Von Trier que proviene de la película homónima del director danés. En el metraje, dividido en dos capítulos, primero el de Justine (Kirsten Dunst), una novia que se mueve cada vez más entre la tristeza, el delirio y la depresión, se debate entre las evasivas existenciales y el malestar vivido en el transcurso de su suntuosa boda, de la cual se ausenta constantemente. En este primer tramo se observa el subterfugio familiar oculto, con muchos odios y recelos entre los asistentes donde el mantenimento de las apariencias lucha por ser protagonista mientras se evidencia la desunión total de una familia más que enfrentada. El segundo acto, que trata sobre Claire (Charlotte Gainsbourg), su abnegada hermana, estricta y reprimida, casada con un multimillonario y el organizador de la boda (Kiefer Sutherland), versa más sobre el escepticismo y la preocupación de ésta acerca del advenimiento del planeta; vive en una constante incertidumbre plagada de luces y sombras pero siempre con una cegada confianza en las visiones de su hermana, que constantemente se derrumba en una espiral de depresión.

Cabe mencionar que, antes del inicio de la historia en sí, el director nos transporta a escenas que más bien podrían ser cuadros pintados. Con fotografías sublimes, arrojando cierta confusión hacia el espectador, pero las maravillosas composiciones fijas y sus colores vibrantes y tristes a la vez, se mueven parcialmente a cámara superlenta con sutiles efectos especiales. Por otra parte se observan fotogramas donde se nos muestra el universo al más puro estilo Kubrick, con imágenes en lento movimiento, intercalando las escenas de los personajes, con las de un colosal planeta que parece besar la tierra, y en un momento posterior, absorber la Tierra como preludio al fatídico final.…