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marzo 2015

Bajo su barba picuda las escamas plateadas silbaban al son de cada ronquido. El lagarto reposaba con la panza ladeada, coronado el vientre por un ombligo paciente como una diana. Su cuerpo firme se comprimía entre cuerdas y algunas ataduras se vencían a ambos lados del monstruo. Pilú despertó dentro de la boca del dragón, y en la negra encía de cien colmillos, la forma de su cabecita calabaza formaba una dulce cuna. Toc-toc, Pilú acarició el paladar y las fauces dieron paso a un día luminoso. Sus rizos mutaron el matiz inocente en una fronda roja: su carita lenguaraz enmarcada, sus ojos miel dorados. En su cara se confundían las salpicaduras de sangre de la bestia, sus cinco pecas naturales y desordenadas, transformadas en estrellas perdidas apodando un universo de canela virgen, hallaban el negro inhóspito de la entraña fresca, provisto del fragor de las estocadas más sangrantes. Puso pie sobre la primera de las traviesas, que se difuminaban hacia un valle cerrado. Pilú volvió a la boca del dragón y tocó la mellada empuñadura de su espada. Al fin, colocó la nuca en el mismo sitio y, sobre los brazos de su padre, volvió a soñar.

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo-li-ta.”

VLADIMIR NABOKOV

30
Mar
2015
1

Cullot Bleu Promesse (Bragas Azul Promesa)

En la avenida Le Kremlinaire, a dos palmos en el mapa del torreón Eiffel, un mozo de peto azul y camisa blanca desmangada esperaba la orden junto a unas cajas vacías. Se apoyaba contra un lucido muro de granito entre dos ventanales, repletos de maniquíes desnudos sin cabeza. La furgoneta se reflejaba sin la interrupción de una calle vacía de paseantes, y el escaparate hacía rebotar los primeros brillos de un sol ya roto en el primer asomo matinal. Lánguida, la luz avivaba la sombra de los pájaros a orillas de las migajas sobre la calzada y, alrededor de los troncos, las malas hierbas parecían ser las únicas muestras de vida auténtica.

Dentro Lola iba a lo suyo, desdoblaba cullots y braguitas ribeteadas con ese pespunte afrancesado que complicaba tanto el equilibrio de una pila de lencería a veinte francos la pieza. Aquella torre de delicados paños con lacito era la primera ropa presentable de la boutique, al evitar el cartel gigantesco de la entrada que apremiaban las rebajas de enero.

—Bienvenidos y bienvenidas, monsieurs et madames. Adelante. —Lola sonreía y con la mano parsimoniaba un forzado gesto de invitación.

Nunca más amaría tanto a una persona como para que me hiciera daño perderla.”

No podemos aspirar a comprender lo que en sí es incomprensible.”

Quería tener sitio en mi interior para ambas cosas: la comprensión y la condena. Pero las dos cosas al mismo tiempo no podían ser.”

BERNHARD SCHLINK

23
Mar
2015
1

Marie-Ardent

Aquel verano fui a Malta con una beca de la universidad. Su propósito inicial era que estudiara inglés, la segunda lengua del país, pero las clases de nueve a dos pronto se volvieron irreconciliables con mi actividad nocturna. En las calurosas noches alternaba el bus y el taxi para llegar al lugar recomendado. Era un círculo vicioso de bares y carteles luminosos que parpadeaban frenéticos, con los reflejos del neón sobre el asfalto húmedo de vodka; en la puerta de los locales se ofrecían entradas rebajadas y la bebida se apuraba en vasos de plástico. Entre codazos avanzaba yo hacia el interior y la música techno emergía más nítida a cada paso. La primera noche varios malteses de tez gitana se dejaron ver por el grupo y un puñado de eslavas aparecieron detrás de un autobús. Un operador las dejó para divertirse solo una noche, después de una jornada de turismo cultural. Sin embargo, me pude unir a unos chicos mediterráneos –italianos y andaluces en su mayoría–, que finalmente las convencieron para quedarse. Aquella mezcla tumultuaria de gomina y rubias de falda corta seguiría presente toda mi estancia. El resto de los días mi inglés sonó ebrio y con un burdo acento siciliano.

En cualquier caso, sigue siendo cierto que de lo que se trata en la vida no es de entender bien al prójimo. Vivir consiste en malentenderlo, malentenderlo una vez y otra y muchas más, y entonces, tras una cuidadosa reflexión, malentenderlo de nuevo. Así sabemos que estamos vivos, porque nos equivocamos.”

PHILIP ROTH

17
Mar
2015
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Manual breve de amor (para hombres)

En primer lugar, deberá tener en cuenta las condiciones ambientales. Se recomienda conseguir una temperatura entre los treinta y seis y los treinta y ocho grados. Disponga con antelación de tantas fuentes de calor como sean necesarias. En cuanto a la lumbre, procúrese con velas hasta no perderse por la habitación y se perfilen las aristas de la ventana con un brillo anaranjado. Airee las sábanas y pliéguelas como un sobre abierto que invite a entrar.

El problema de una mente abierta es que la gente insiste en entrar dentro y poner allí sus cosas.”

TERRY PRATCHETT (1948-2015)

8
Mar
2015
2

Veinte más una

A ambos lados del camino la caliza se descomponía en piedras más pequeñas. Un transporte avanzaba lento por el centro y levantaba polvo amarillo. En la chapa lateral refulgían las letras desgastadas de un coche Ransom. En su interior llevaba veinte mujeres con grilletes en pies y manos, divididas en parejas por un pasillo. Sus frentes brillaban húmedas y las rayadas camisas se adherían al sudor del cuerpo. Las piernas de algunas colgaban hacia el corredor y muchas estaban esposadas a la barra del techo. Contra el asiento delantero, una rea aplastaba su frente y el bordado irregular de su espalda se descubría: CONDADO DE RIKERS. El sol iluminaba enteramente la cabina del conductor al pie de una curva empinada. Una mujer sin esposas mantenía la mirada hacia la rejilla que cubría los cristales. Unos barrotes la confinaban del resto, escoltada por dos guardias armados. El haz penetrante cambiaba su ángulo con la curva y minúsculos rombos de luz se proyectaban sobre su cuerpo. Vestía un traje liso, zapatos rojos y un sombrero tocado con una figura de papel. A sus pies guardaba varias maletas de cuero. Entre las cremalleras asomaban esquinas de tela estampada.

3
Mar
2015
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Antonio Manzotti (1943)

El teniente Manzotti despedía a su hijo. Tan pronto como se hubo formado el tren, la cara del pequeño Tonino se incrustaba entre otras muchas y sus brazos parecían agitarse en extrañas formas no humanas. Cadetes e infantes, la mayoría hijos de oficiales, braceaban por el último litro de aire verdaderamente italiano e intentaban captar el aliento lanzado por aquellos que los despedían. Su hijo asomaba medio cuerpo por un ventanal, a una altura que ahogaba el pecho cuando intentaba estirarse más allá de los hombros. De cada ojo le caían rayas húmedas hacia los labios que una vez secas dejaban sobre su cara un brillante reguero. El vagón empezó a moverse de forma pesada, y apretando el paso que le permitía su muleta el viejo acarició, siquiera de forma ilusoria, las yemas de su joven hijo. Con el antiguo uniforme nacional, el teniente se camuflaba perfectamente con los militares apeados en el andén, y su presencia solo se contrapuntaba con el blanco de pañuelos que decenas de esposas y madres agitaban al ver alejarse sus maridos e hijos. Parapetado con su muleta, vió como el tren se volvía inalcanzable y aguantaba pudoroso una muchedumbre enloquecida, que atropellaba su viejo cuerpo y corría en pos del vagón.