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diciembre 2013

21
Dic
2013
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Rocas en el viaje III

III

Masha, ¿por qué me atrapaste?

¿Qué me transmitieron tus ojos?

¿Qué me dijo tu silencio?

Tuve la sensación de que por momentos nos besábamos con tan sólo apretarnos las manos, como si nuestros dedos estuviesen hechos de la misma carne rosácea de tu labio, sensible y sensual, pero vulnerable con cada roce.

¿Quién me arrancó la piel? ¿Por qué dejaste sin abrigo mi corazón?

Las rocas del viaje ya son rocas en la piel, un pasaje estrecho que recorrer, una senda de montaña infinita en la que creía perseguirte. ¿Dónde dejaste mis pies descalzos?

Las heridas del corazón aparecen como leves cortes sobre un órgano turgente, y su acumulación amenaza con arrebatarle su tirantez, rompen la membrana que lo separan del dolor. Los cortes se multiplican y empiezan a sangrar, el corazón se deshincha y su fuerte latir se transforma en una fragilidad raquítica.

Recuerdo como latía durante aquellos viajes de autobús, en los que tan sólo el ruido mundano del pasaje y el sofocante calor de Malta nos ambientaba.

Recuerdo tus palabras mudas, tus ganas por romper el silencio, la dulce dureza de tu mirada. Recuerdo que era suave al regalarme amor con cada pestañeo pero fría por no acompasarla con palabras.

Tanto enigma sin respuesta; el amor a veces se abre con diminutos gestos, pero las complicaciones son contratos que solo las palabras son capaces de resolver. Ojalá me hubieras hablado más, ojalá no hubieras dejado esta carga en mí, un montón de preguntas sin respuesta alguna.

No tuviste valor de arriesgarte por mí, de lanzar una cuerda dentro de mi pozo. Te mandé señales de humo para luego gritar de desesperación.

¿Dónde pusiste tu corazón, Masha?

Aquel fue amor de entrega, pero sólo por parte de uno. La confianza debe ser un trueque del corazón, un recibimiento justo de alivio.

Entendí que yo me entregué y tu no. Fuiste cruel e implacable.

¿Dónde pusiste al corazón, Masha?…

19
Dic
2013
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La chica del pañuelo

Elvira es una de las experiencias más grandiosas que he vivido. Ha superado con creces cualquier tipo de expectativas, incluso aquellas que jamás hubiera imaginado. Tan sólo estuve cuatro noches con ella, pero que fueron más que suficientes para visitar un safari a lo desconocido, un universo lleno de tentaciones, con nubes de algodón sostenidas entre cadenas, casi como una alucinación concentrada en menos de una semana.

El motivo de mi visita a Barcelona fue solo un mero pretexto, una excusa que presentar a los otros. Aproveché que mi hermano residía en un apartamento en la ciudad para hospedarme junto a él, aunque en realidad sólo sería un neutro lugar en el que encubrir mis reales intenciones. Ya habían pasado unas cuatro semanas desde que fijamos ella y yo nuestros planes.

Por aquel entonces yo ejercía profesor de clases particulares, y consideraba que lo hacía con cierto éxito. Poseía muchos alumnos, y lo que sacaba me daba para ir tirando cada mes. Sin embargo, aquel noviembre resolví terminar el trimestre con antelación, así dispondría de una semana libre para el primer encuentro. Aún así, los padres de mis alumnos me excusaron con total complicidad, en la semana anterior habían quedado resueltos los exámenes: la mayoría estaban aprobados.

Elvira era una joven moscovita de 24 años, licenciada en turismo, semiexplotada como teleoperadora en una de las principales agencias turísticas de la capital rusa. Ella vendría en calidad de trabajadora y no de turista. Por su parte, se trataba de un viaje pseudo-formativo sobre el funcionamiento de diversos hoteles de la capital condal, que tan solo le permitiría unas horas libres a última tarde.

Desde un principio, la vi entregada con aquel cometido tan alocado, el de quedar con un extranjero desconocido. Rápidamente me dió los datos de su vuelo de llegada y las señas de su hotel. Me hizo llamarla a su teléfono ruso, no me lo cogió. Quería una perdida tan sólo para asegurarse también de mi número.

Y debo reconocer que a aquella persona nunca la llegué a conocer antes. Tan sólo la tenía perdida como un contacto más en mi larga lista de facebook, y además ella fue la que me agregó, cabe decirlo. Sí recuerdo, sin embargo, una vez en la que de una manera gratamente extraña chateó conmigo. Me fascinaban las fotos en su perfil. Sin duda era notablemente atractiva, esbelta y con un exotismo declarado en el rostro.…